7.10.2008

"Imaginando a Pelusio", 1er entrega

Muchos leen las enseñanzas de Pelusio y no pueden lograr la abstracción total a la que su palabra apunta: y entonces imaginan. Imaginan escenarios, imaginan cómo son las nutrias, cómo sería peinarlas, imaginan el verde de los árboles y el naranja del sol al atardecer... y lo imaginan a Pelusio, también. Yo tengo la suerte de ser una de las pocas personas que lo ha visto en persona (la redundancia vale 50 centavos, pasar por caja, gracias). Pero me intriga hablar con colegas y ver que cada uno se imagina al Profeta de una manera distinta: gordo, alto, flaco, bajo, peludo, rengo, etc. Las posibilidades son tantas como la imaginación lo permita.
Por eso queda inaugurada la sección "Imaginando a Pelusio", en la que usted, si quiere, puede mandar su humilde dibujo mostrando al mundo cómo se imagina al Profeta Supremo a la Maryland. Vale todo: lápiz, crayón, photoshop, foto a secas, lo que sea. Lo que importa es la actitud. Y la sabiduría, claro. Me abstendré de opinar y de calificar la cercanía de los dibujos con el Pelusio de carne y hueso, para que la imaginación vuele libre como golondrina divorciada.

En esta primer entrega, una obra magistral de Damian, comentador de la primera hora, seguidor como tantos del Gran Pelusio y excelso dibujante, que nos regala un primer plano de la cara del Inabarcable, desde su punto de vista.

Gracias por el aporte!













Pueden enviar sus dibujos de Pelusio a alessandrotambuzzi@gmail.com , o mandando PELUSIO al 2020.

6.26.2008

6.23.2008

frases pelusianas

" Un hombre que hoy en día coloca un mingitorio en un museo no es un artista: es un molde, un fabricador en masa de algo ya hecho, ya visto, ya sin la carga sensorial y semántica de lo nuevo y único. No repetir es una base a partir de la cual crear. O sea: Las cacerolas son para cocinar. Protesten con altura, no como bebés que berrinchean desde la cuna porque no saben aún hablar. "

Está escrito en un árbol del Amazonas, la letra es reconocible de lejos: es el Grande, que nos da su palabra, y como siempre adhiero, no por una fe ciega sino porque lo leo, lo entiendo y lo comparto.

6.19.2008

los perdidos

El flujo de visitantes que se adentran en el Amazonas en busca de Pelusio varía de acuerdo a condiciones climáticas, cantamientos de orto y problemas sociales. En épocas de guerrilla o discusiones populares, la cantidad de gente que acude al Maestro para saber más acerca de la situación crece de forma considerable. Porque Pelusio puede no tener la respuesta (que igual la tiene, obvio), pero la sabíduría pura ES siempre la respuesta. A todo.

A la selva se aventuraron un grupo de unas 150 personas, todos ellos argentinos, tantos homrbes como mujeres, de todas las clases sociales, buscándolo al Perfectísimo, para que aclare un poco el panorama y los saque de una diatriba que los tenía a todos perdidos: ¿A quién apoyar hoy día? ¿Al campo? ¿Al gobierno?. El contingente buscaba, iban caminando todos juntos, con cacerolas y encendedores por si había que defender y apoyar al campo, con pancartas exaltando los valores democráticos por si la solución era el gobierno. Buscaban y tras cinco días de espera, encontraron. Pelusio estaba jugando a la payana con la nutria Eufemia, muy tranquilo, porque iba ganando. Eufemia, igualmente, era una jugadora más que digna teniendo en cuenta la pequeñez de sus manos. Uno de los hombres, mientras pedía silencio al resto que empezaba a cuchichear cosas como "ahí está!" "es él" o "me lo hacía pelado, no sé por qué", se dirigió hasta el Sabio Supremo de Pollo y habló:

- Pelusio, guía espiritual, hemos venido hasta usted en busca de iluminación... somos los perdidos, los que no saben qué hacer en un país en donde todos toman posturas, apoyando al campo, al gobierno, hablando de las retenciones y la constitución, de secretarios de gobierno y Fernandez y cuántas cosas más... queremos que usted nos diga qué debemos hacer, cuál de estos personajes tiene la razón.

Pelusio tomó dos piedritas y las tiró al aire. Cuando estaban suspendidas en el aire, recogió del suelo con la misma mano otras tres, y habló:

- Elegir. Responsabilidad de acertar y no equivocarse. Ponerse a prueba, pero antes que nada: pensar. ¿Cómo saber quién tiene la respuesta a una pregunta que nunca hicimos? ¿Por qué se debe elegir un lado en una disputa de la cual no sabemos todo? Entonces: elegir: apostar. pensar: saber qué elegir.
¿En quién piensa la gente del campo? en la gente del campo.
¿En quién piensa la gente del gobierno? en la gente del gobierno.
La gente sabia es la que piensa en los demás. Esos son los importantes.

Y se fue caminando, dejando a la nutria eufemia que contemplaba la cara de los perdidos, que estaban más perdidos que nunca pero que sabía que eso estaba bien, que en un país sin rumbo hay que sentirse sin rumbo y actuar desde ahí, no elegir para qué lado ir en una bifurcación que no lleva a ningún lado, sino buscar el camino que vaya a lo real, a lo libre, a lo propio.
Los perdidos, si tienen que estar perdidos, son iluminados, y más después de escuchar las palabras de Pelusio, que está hinchado las pelotas de cacerolazos, humo, cortes de ruta y manifestaciones, que prefiere quedarse en su casa escuchando alguna estrofa que diga cosas como Praise be to Nero's Neptune / The Titanic sails at dawn /And everybody's shouting / "Which Side Are You On?" / And Ezra Pound and T. S. Eliot / Fighting in the captain's tower / While calypso singers laugh at them / And fishermen hold flowers / Between the windows of the sea /Where lovely mermaids flow / And nobody has to think too much / About Desolation Row.

Y es eso, nomás. Desolación.

6.09.2008

Los monos que no se ven y las etiquetas de las bananas.

La noche se desplegaba en la Selva del Amazonas. No se desplegaba como cuando uno despliega una sábana para hacer una cama de dos plazas, sino lenta, muy lentamente, como lava sólida por una ladera en declive casi imperceptible, centímetro a centímetro, opacando de a poco aquello que tocaba. En esa oscuridad inminente se adentraba un hombre de unos 45 años, medio pelado y con pinta de pobre tipo. Este hombre buscábalo a Pelusio, y a su vez buscaba en Pelusio un poco de luz en su vida, unas palabras que lo ayudaran a guiarse en este mundo frío y capitalista que desconoce la sensibilidad. La noche se había desplegado ya casi del todo y el hombre alumbraba con su linterna los arbustos y las ramas de los árboles en busca de la figura del Maestro Espiritual Supremo. Y Pelusio, que desde hace un tiempo lo miraba asomando apenas la cabeza del río (porque era de noche y hacía frío pero Pelusio no se come ni una, si tiene ganas de meterse se mete igual, nada de esas mariconadas de testear el agua con el dedo gordo del pie ni nada, se mete de una, a lo macho) , Pelusio decíamos que se hizo ver. La linterna apuntó al río y de allí salió caminando Pelusio, desnudo, y con una mano le hizo un gesto al hombre para que empezara a hablar.

- Pelusio, Gran Profeta, lo estuve buscando durante tanto tiempo... tengo tantas cosas que preguntarle, tantas cosas que desearía saber...

- De todas elige una, y en esa estarán también las demás.- respondió Pelusio que la sabe lunga

- De acuerdo - continuó el hombrecillo- el tema es que soy escritor pero nunca publiqué nada. Soy escritor de alma, digamos. Pero para ganarme la vida, para comer y pagar los impuestos, trabajo en una empresa, poniéndole las etiquetas a bananas para después comercializarlas. Es un trabajo agotador, y después de estar 12 horas por día pegando etiquetas en bananas, ya no me dan ganas de escribir... no se que debo hacer, si decidirme y seguir mi sueño de escribir una novela aunque ya sea demasiado tarde, o sobrevivir en este mundo imperialista y traidor, pegando etiquetas...

Y Pelusio lo escuchó con atención, y sin dudarlo un segundo le respondió con su voz de diamante pulido, suave, con ternura y fuerza y estilo. Le dijo:

-Tengo un mono invisible
bailando en mi habitación
juega, duerme, come, triste.
Leche en envase tetra de cartón.
Muerde, sal, oreja, fuego,
lame los pliegues del sur del tifón.
Pequeño y diminuto
un mono invisible
juega, duerme, y tiene sexo
hace monerías
En mi habitación.

Ahora te hablo a vos, que estás leyendo. Sí, sí, a vos. Las enseñanzas de Pelusio son enormes y sabias, tanto que a veces parecen absurdas. Sin embargo en un proceso de comunicación el mensaje no lo es todo: es solo una parte. El mensaje es solo el mensaje, pero cobra sentido cuando entra en contacto con el contexto, cuando se tiene en cuenta quién es el emisor y quién el receptor, etc. Y allí está la clave, muchas veces, para entender su grandeza. Porque en apariencia ese pseudo poema es una locura de nene tonto que tiene blog escrita bajo el efecto de un ácido en mal estado, pero en realidad no. Para el hombre que estaba escuchando, esas palabras eran todo. Porque cuando era niño, el hombrecillo tenía un amigo invisible con el que jugaba todo el tiempo: el Mono Rubén. No tenía amigos reales, ni siquiera sus padres lo querían, pero Rubén siempre lo acompañó y le dió el hombro para llorar. A medida que fue creciendo y consultando especialistas, el hombrecillo se olvidó de su mono amigo, lo dejó de lado hasta olvidarse de él por completo. Hasta que Pelusio lo volvió a la vida.

Las palabras del Único calaron hondo en su pecho y el recuerdo de esa felicidad, de ese tiempo compartido con alguien que solo él veía, que solo él comprendía, hizo que el hombrecillo replanteara su vida. Renunció a la empresa de venta bananas capitalistas. No escribió una novela, pero hizo sus buenos mangos vendiendo libros para niños, obviamente, con Rubén, el mono invisible, como personaje principal. Mitad dinero mitad escritura, pensó. No está mal. Y no solo no está mal, sino que está perfecto. Ahora el hombrecillo vive solo (bueno, con el mono) y escribe cuentos para niños y es feliz. Nunca más volvió a pegar etiquetas en bananas y puede despuntar el vicio de la escritura.

Bienaventurados los que escuchan a Pelusio, pues de ellos es el reino del Suelo! Me voy a comprar un Topolín con sorpresa, nos vemos la próxima.

6.02.2008

Ceci n`est pas un post

Caía el atardecer en medio del Amazonas. Dos hombres permanecían sentados sobre pequeños troncos, pensativos frente a frente, como contemplando un partido de ajedrez y esperando la movida crucial. Pero lo que en verdad estaban viendo no era un tablero: era un vaso. un vaso con agua, cargado hasta la mitad. Los hombres lo miraban, reflexivos.
Y apareció Pelusio. Y vió a los hombres y se acercó y observó el vaso y preguntó:

- Qué pasa acá?

Los hombres se sorprendieron pues no esperaban la llegada del Profeta, y luego de tartamudear un poco, decidieron ir al grano:

- Yo veo un vaso medio vacío, pero mi amigo acá presente dice que ve un vaso medio lleno... estamos confundidos.

Pelusio respiró suave, observó el vaso un rato más y dijo.

- Eso no es un vaso: es una pipa.

Y se marchó nomás. Y los hombres se miraron uno al otro y luego bajaron la vista para ver el vaso: no estaba. En su lugar había una pipa, perfecta, el arquetipo de pipa materializado. Enorme es Pelusio, tan enorme que utiliza la metáfora como arma principal, y la aborrece a la vez, porque lo del vaso ya medio como que le hinchó las pelotas. Y sabe que dos personas que deambulan por el Amazonas al atardecer y discuten si medio vacío o medio lleno teniendo una vista tan hermosa alrededor, son dos pusilánimes, mejor darles una pipa, que fumen un poco, que sean felices sin pensar ni en lo que tienen ni en lo que les falta. Mejor que hagan. Que aprendan. Que vivan. Y que viva Pelusio también, carajo!





Perdón, se me escapó el peronista de adentro.

5.28.2008

pelusio, el espacio y el tiempo

Un joven se internó hace unos años, como tantos otros lo han hecho ya, en la Selva del Amazonas, donde reside desde tiempos inmemoriables Pelusio, el profeta más incomprendido del Mundo. Y del Universo también. El hombre estaba perdido: primero porque no sabía qué hacer con su vida, con su trabajo, con sus relaciones, y segundo porque estaba perdido de verdad. La selva es traicionera y todos los arbustos se parecen. Y lo buscaba a Pelusio entonces, para saber dónde estaba y dónde tenía que estar, cuál era su función en este planeta, qué hacer con su mísera y pequeña vida. Luego de unas horas de búsqueda lo encontró peinando una nutria, sentado en una roca, y con pasos silenciosos para no distraer al Maestro se acercó y preguntó tímidamente:

- Oh Maestro, por fin lo he encontrado. No querría molestarlo con pequeñeces porque soy conciente de los temas importantes a los que usted se aboca, pero estoy perdido… no sé cuál es mi lugar en el mundo… no sé cuál es el sentido de todo esto… no sé quién soy… no sé…

Y Pelusio, sin dejar de peinar su nutria, habló, y las ondas vibratorias de su voz sacudieron el aire hasta encontrar refugio en los oídos del joven:

- No saber nada es un buen comienzo. Yo también fui joven un tiempo. Dos o tres horas, pero lo fui. Y recuerdo haber escuchado aquella frase que dice que “la vida es un escenario en el cual nosotros somos los actores”. Me pareció cierta en un principio, pero luego pensé: no todos somos actores en esta vida: no todos estamos en el escenario. Algunos solo observan. La vida es entonces un teatro entero, no solo el escenario, y algunos actúan y otros ven. Pero después pensé: la vida es más que eso porque hay gente que ni siquiera ve, y solamente pasa caminando frente a la fachada del teatro, yendo a hacer trámites y demás, pero sin saber lo que pasa adentro. Y después: la vida es más que eso, puesto que hay gente que ni siquiera sabe que existe el teatro, no pasa ni cerca. Y así amplié mi cabeza llegando a la conclusión final. La metáfora no existe. La vida es la vida, el mundo es el mundo, un teatro es un teatro: el lugar que ocupes en esta vida es el lugar que ocupes en esta vida. Es decir, tu lugar en la vida es caca de oso, que es sobre lo que estás parado mientras yo te hablo.

El joven se miró las suelas de las zapatillas. Olía muy feo. Volvió a mirar a Pelusio, que se estaba yendo con su nutria y de espaldas le dijo al joven:

- Ese es tu lugar ahora. Cuando tengas que moverte, te moverás.

Las palabras de Pelusio rebalsan de verdad y sabiduría, y pueden hacernos mejores personas en cuanto entendamos la máxima principal: saber es mejorar. Y para saber hay que escuchar al Profeta, como aquel joven que se internó en la selva hace varios años y tan shockeado quedó con las palabras de Pelusio que aún hoy se lo puede encontrar allí, con la boca abierta en medio de la selva, pensando en cada una de las sílabas que salieron de la boca del maestro, parado sobre un enorme pedestal de caca de oso, con miedo a moverse, esperando una voz interna que le diga:


Ahora






.

5.27.2008

Hay:

7 personas en una sala de reunión de una oficina del microcentro, haciendo un brainstorming para ver cómo vender más jabón en polvo a gente de bajos recursos, C2.
1 que tira la idea "Ricardo Montaner!"
30 personas filmando a 1 persona que dice que con este jabón tu ropa queda más blanca.
70.000 personas que lo creen y compran ese jabón.
2 personas que se preguntan "para qué quiero ropa más blanca?"
1 persona que piensa que la publicidad es una mierda, y que lo escribe en su blog, en una Mac.
1 chino que va caminando tranquilo por Beijng, y de golpe detiene su marcha, mira alrededor y dice "A la mierda! Somos un montón!"
1 hombre en Darfur que piensa "Somos cada vez menos".
1 hombre en Buenos Aires que responde "No... mejor no"
23 personas escuchando un tema de The Beatles por primera vez. Descubriendo.
1 hombre en Berlín, que por alguna razón se acuerda de una mujer
1 mujer que no se acuerda de un hombre (pero no lo sabe, claro)
Hay miles de personas apoyando causas
Miles de personas en contra de causas
Y está Pelusio, también, sentado a orillas del Amazonas, viendo a los dorados surcar el río, peinando una nutria con la mano, envuelto en sabiduría.

5.22.2008

todo

Recuerdo la primera vez que me interné en la selva del amazonas en busca de Pelusio. Era una mañana de mayo, calurosa y húmeda, y mi esperanza de verme cara a cara con el Maestro hacía que mi corazón bombée con más fuerza, con más velocidad. No lo encontré. Pasaron 3 meses, 3 intentos más hasta que pude dar con él y bañarme en sus palabras sabias. Pero lo que sí encontré aquella primera vez fue un mensaje, un mensaje que el Uniquísimo había tallado en el tronco de un árbol, probablemente con una piedra. Un mensaje que decía:

"Esperá
que la lluvia se vaya.
que el viento cambie de lugar.
que el sol se mueva y corra de lugar las sombras de los árboles.
que los planetas se pongan en línea.
que los pájaros canten todos juntos un tema de Mozart.
esperá que se vacíe tu cuerpo.
que se vayan tus ganas
tus deseos
que se pudran de moho tus miedos y tus fracasos.
esperá la nada
el vacío total
la mente seca y limpia y blanca.
y cuando todo se vaya
cuando te quedés solo buscando
esperá un poco más.
y un poco más después.
y otro poco.
esperá sin esperanza.
sin amor.
sin odio.
quieto.
callado.
esperá hasta olvidarte qué estabas esperando.
y así, completamente despojado, olvidate de tu cuerpo y del mundo.
quien no desea nada es porque nada necesita.
y quien nada necesita, lo tiene todo."



El árbol era grande, como verán. Y grande era también mi sorpresa y mi alegría al encontrarme con esas palabras que resumen lo inresumible: la Grandeza Eterna de Pelusio. Como todo hombre, esas palabras, que el Inconcebible regala al mundo, yo las veía dirigidas a mí y solo a mí. Solo después de un tiempo y mucho estudio me di cuenta que Pelusio nunca le habla a un hombre, ni a dos: le habla al mundo entero o le habla a la Nada. Y tan grande es, tan sabias son sus palabras, que la Nada cada tanto le responde y se quedan juntos charlando un rato.

5.20.2008

pelusio, la actitud ante la lluvia

Llueve a cántaros sobre la selva del amazonas. El tamaño de las gotas es inmenso y también su fuerza al caer. Una pareja que disfrutaba de un picnic se vió sorprendida por la tormenta repentina, y haciendo una bola con la lona apoyada sore el pasto juntaron todo y corrieron buscando refugio del agua. A unos doscientos metros encontraron una pequeña cueva con un techo que podía cobijarlos momentáneamente, hasta que el diluvio pasara. Allí se quedaron. La lluvia era tan intensa que la parejita apenas podía ver unos metros más allá de donde estaban. Pero lograron divisar, sin embargo, la figura de un hombre que camninaba despacio bajo la lluvia, con una túnica gris, con pasos constantes y firmes, y con la cabeza alta. Fue esto lo que más sorprendió a la pareja: la cabeza alta del hombre, puesto que cuando llueve la gente, por alguna extraña razón, camina encorvada. O con paragüas. Ah, pero Pelusio es tan distinto, Pelusio camina sin nada bajo la lluvia, como bajo el sol, puesto que está en contacto con la naturaleza: Pelusio ES la naturaleza.

La mujer le gritó a Pelusio, sin saber quién era:
- Oiga... Don! venga que se va a mojar todo!!!
- Venga, se va a enfermar! - apoyó el hombre, gritando un poco más fuerte.

Y Pelusio detuvo su andar. Las gotas seguían cayendo con fuerza sobre su cuerpo, y Pelusio detuvo su andar para mirar a las personas que le habían sugerido cobijarse de la tormenta. Y comenzó a acercarse a la cueva, todavía con la cabeza alta, y ya cerca de la parejita, que al verlo de cerca tembló como de miedo por el aspecto roído del Líderrrrr, se dispuso a hablar:

- Su intención es buena, y por eso no los juzgo. Pero también es buena la intencón de un niño que decide regalarle a su madre un sorete de perro que encontró en la calle. Intención buena y estúpida. Por qué se refugian del agua? Por qué no del sol? Cuál de los dos es más dañino? La lluvia es agua y este agua comunica el cielo con la tierra, lo alto con lo bajo, todo se une con la lluvia, todo se vuelve uno.

Parsimoniosamente, y ante la mirada atenta y atónita de la pareja, Pelusio sacó de su túnica un choclo y lo mostró, preguntando:

- Qué es esto?
- Un... un choclo... señor - respondió la mujer.
- Pues yo también opino que es un choclo- afirmó Pelusio. Lo que resta ahora es discernir acerca de si este choclo es algo bueno o algo malo. Que es choclo, lo es, pero: qué es?. Así como ustedes me gritan que salga de la lluvia para no enfermarme, yo les digo a ustedes que quien haya perdido el placer de caminar bajo el agua, está enfermo desde antes.

La pareja se miró y Pelusio, luego de una pequeña reverencia, continuó su andar bajo la lluvia, mojándose, sintiendo cómo cada gota de lluvia le rozaba la piel, le acariciaba el cabello, y se perdió en la tormenta y nunca más la parejita lo volvió a ver. Cinco años después, mientras vacacionaban en Mar del Tuyú, la mujer murió. Una tarde cualquiera su marido le compró en la playa un choclo con manteca en mal estado y luego de dos días de ir al baño sin parar, la mujer pasó a mejor vida. Y el hombre lloró. Lloró triste y solo en Mar del Tuyú, sentado en medio de la playa desierta, viendo como de a poco se acercaban las nubes, unas nubes negras que se transformaron de golpe en lluvia. Llovió y llovió y el hombre ni se movió, ni agachó la cabeza: sintió la lluvia cayendo y recordó las palabras de aquel viejo loco y se preguntó por qué.

Ah, los por qué, los por qué. Quién pudiera entenderlos. Más la vida a veces nos ilumina, nos da señales en forma de lluvia o de choclos, nos pone en frente a Pelusio, el Profeta Incomprendido, el Primero y Último, y si llega a ser así, si alguna vez tus afortunados ojos se se cruzan con los del Maestro, debes abrirlos bien grandes, y abrir también los oídos y el corazón, pues cuando Pelusio habla parece decir ridiculeces, pero esas ridiculeces pueden salvar tu vida. Y más.